Por Eduardo Freitas Oliveira
La forma de crear, almacenar y compartir informaciones geográficas cambió mucho en los últimos diez años. El acceso y la distribución de mapas vectoriales e imágenes raster, pasaron del desktop a Internet a través de portales de datos geográficos. El poder de divulgación de informaciones espaciales en la Web elevó la geotecnología a un nivel mucho más importante, nivelándola a la tan proclamada tecnología de la información.
Los nombres más importantes del área de geoinformación siempre fueron básicamente los mismos: Esri, Autodesk, Bentley, DigitalGlobe, Spot, Space Imaging, PCI, MapInfo, Leica, Erdas, Oracle, etc. La carrera por la estandarización de datos y la interoperabilidad entre los sistemas, les dio a los técnicos un mayor acceso a la información geográfica, pero faltaba el paso definitivo para que la geoinformación llegara a los ciudadanos comunes.
El año 2005 puede ser considerado como un marco en la historia de la geoinformación. Con la adquisición de la empresa Keyhole, Google compró también una poderosa tecnología para presentar información geográfica en Internet, a través de capas de datos superpuestas sobre un globo virtual en 3D. A partir del lanzamiento del Google Earth, Internet nunca más fue la misma.
Nokia, Tele Atlas, Navteq, TomTom, MapQuest, Yahoo, Microsoft y Google, entre muchas otras, son las compañías que han apostado en una nueva forma de organizar las informaciones en Internet, teniendo como telón de fondo la realidad geográfica cercana al usuario. Está en marcha un cambio de paradigma con el reordenamiento de Internet en torno a una nueva interfase gráfica.
La ola de adquisiciones recientes, con grandes compañías de Internet y de comunicación móvil comprando empresas del área de geoinformación, muestra que la apuesta en verdad es una inversión concreta, con expectativas de grandes ganancias a futuro.
El nuevo formato de organización de los datos en Internet está basado en un concepto clásico de la ciencia de la información geográfica, que es la dependencia espacial. Basado en la primera Ley de la Geografía, de Waldo Tobler (1970), el concepto de dependencia espacial afirma que “todas las cosas están relacionadas, pero aquellas que se encuentran más próximas están más relacionadas”.
Parece un enunciado ingenuo, pero esta forma de pensar cambia radicalmente el modo de presentarle informaciones al usuario que realiza una búsqueda, por ejemplo. Al final, quien digita “pizza” en un buscador difícilmente está buscando algo sobre la historia de la comida, sino que generalmente quiere descubrir dónde está la pizzería más cercana. Lo que interesa es lo que está más cerca.
Los gigantes de Internet como Google, Microsoft y Yahoo, saben desde hace algún tiempo que las representaciones gráficas del mundo real pueden ser una forma bastante concreta de vender (y mucho) con Internet. Exhibidos en las pantallas de las computadoras, los mapas pueden tornarse una interfase con el usuario para muchas tareas del día a día, entre ellas el comprar.
Además, los artistas, políticos y pequeños empresarios descubrieron el poder de la geoinformación para sus negocios. El lanzamiento del más reciente disco de la banda Nine Inch Nails y la página Web del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, son ejemplos de iniciativas que unen las redes sociales a la localización para agilizar sus acciones de marketing.
¿Web 3.0?
La GeoWeb es un concepto reciente, en fase de consolidación, pues se trata de un término sujeto a un cierto grado de abstracción. En su sentido más amplio, la GeoWeb expresa la relación que se produce entre los datos virtuales de la red y su posición espacial.
La Web 1.0 se identificaba con conceptos estáticos y poca interacción. La Web 2.0 apareció como una evolución de Internet, con gran interacción del usuario con la red, siendo él mismo el consumidor y el productor de la información.
Con la llegada de la Web 3.0, Internet se volverá una red semántica en la cual los contenidos no serán buscados, sino localizados. El usuario no tendrá que ir hacia los datos, sino que estará inmerso dentro de una pantalla tridimensional de información. Es más o menos como la película Matrix, solo que mucho más real.
Se estima que el 90%, o más, de los datos que usamos en nuestro día a día tienen una relación directa con su posición espacial. De esta forma, la GeoWeb se puede entender como un gran globo digital (o virtual), en el cual están inseridas las informaciones. Es como un “metaverso”, o sea, un mundo virtual semejante al real, pero con mayor cantidad de informaciones, en el cual el usuario podrá literalmente navegar.
Todo en 3D
Las empresas tradicionales de geotecnología han pasado por un proceso natural de transición, de representaciones en dos dimensiones, en las cuales la proyección cartográfica era uno de los principales factores, a modelos tridimensionales de terrenos y de construcciones.
La GeoWeb nació 3D, describiendo el mundo de una forma más natural y completamente alineada al perfil de los nuevos usuarios de la Web que crecieron jugando con juegos digitales en Internet y que consideran bastante fastidioso usar mapas planos.
Atentos a este interés de los internautas, las compañías están hoy día en una verdadera carrera por datos 3D, cada una tratando de generar o comprar informaciones para componer su biblioteca y, a partir de esto, incrementar su propio mundo paralelo.
Google, Navteq y Tele Atlas, por ejemplo, están usando sus propias flotas de vehículos para recoger informaciones. Google capta imágenes digitales cada 1,5 metros, con 360 grados y alta resolución, lo que da una visión detallada al nivel de la calle. Microsoft, por otro lado, apuesta en mapeo con aerofotogrametría, con cámaras digitales y a láser embarcadas en aviones para la colecta de imágenes tridimensionales.
Del lado del usuario, existen varias iniciativas en las cuales el propio internauta es quien genera la información. Forman parte de este movimiento Wikimapia, OpenStreetMap, el brasilero TrackSource y el argentino MapeAr. En este sentido, el Google ofrece la herramienta SketchUp, para que los usuarios puedan inserir modelos 3D de edificaciones en el globo virtual.
Un problema de la carrera por la mejor representación del globo es que existen hoy día diversas compañías creando los mismos referenciales geoespaciales básicos. Los costos se multiplicaron pues las mismas áreas están siendo mapeadas dos o más veces.
El próximo desafío, además de resolver el problema de la duplicación y de la comunicación entre diversos mundos virtuales, será la indexación geográfica de Internet, a través de etiquetas (tags) que sean legibles por los buscadores. Los “robots” que barren toda la Internet deben ser capaces de leer estas etiquetas e indexarlas a los globos virtuales, según las coordenadas geográficas.
Además de la interoperabilidad entre los diferentes universos paralelos, la relación entre el mundo virtual y el real también cambiará, con posibilidades infinitas de aplicaciones. El mundo podrá verse a través de capas superpuestas, como si fuesen lentes, que agitarán la realidad.
En un mundo en donde las cámaras están por todas partes, con gran avance de las tecnologías de imagen, con cada vez más dispositivos móviles y en donde la velocidad de conexión con Internet crece cada día, podrá llegar un momento en que, haciendo un zoom sobre un mapa en tiempo real, podremos vernos a nosotros mismos en la pantalla realizando el zoom en el mapa, en un loop infinito.
¿Ficción científica? Hace diez años el Google StreetView también lo sería.
